Buenos días amig@s bloguer@s
Decimos buenos días, porque en esta parte del mundo todavía es de día, podría decirse que recién arranca este domingo que por acá se halla todo cubierto y sin sol, un domingo de un otoño que se va despidiendo muy húmedo brindándonos el clima adecuadísimo para sentarnos a escribir.
Nos toca una vez más ser anfitrionas de la propuesta juevera, así que basta de cháchara y vamos a la propuesta.
Se trata de que escriban un relato de hasta 350 palabras incluyendo todas estas imágenes. Para eso les pedimos que las observen detenidamente. Pertenecen todas a un mismo ambiente, como si estuviesen tomadas de modo cinematográfico.
Las imágenes feron construidas con Gémini.
Esperamos que se inspiren y puedan soltar la imaginación.
Patricia y Rosana
Tejiendo abrazos
por Rosana
Volví con el propósito de escribir. Recordaba la ventana y el temblor que me provocaba abrirla. Jamás había conocido ese paisaje de otro tono del que tenía en ese momento.
La primavera debe ser maravillosa por aquí - pensé mientras intentaba colocar la llave en la cerradura un tanto corroída.
Puse el cuaderno y mi lápiz sobre esa mesa de la que estaba embelesada, deliré con que el grafito iba a deslizarse por los renglones con liviandad y firmeza, lo que no esperaba, lo que no sospechaba era que estuviese ahí, preparada, erguida, erecta ante mi la botella de Capitán de Castilla con que de niña mi madre preparaba el ponche y a su lado, una naranja que tendría que haber estado verde y putrefacta, pero lucía como el sol de un atardecer de verano.
Juro que había puesto el cuaderno y el lápiz sobre la tabla de algarrobo, lo juro, sin embargo el ovillo de lana como un fuego hecho bola dentro de esa canasta, apareció de pronto. A esa altura y tiritando aún ya había tomado media botella, el jugo y la cáscara de la naranja enriquecían el sabor del ponche caliente y el alcohol estaba haciendo su efecto, de hecho, tuve que quedar en camiseta. Pegaba manotones de ahogada o de borracha intentando encontrar mi anotador y mi lápiz y ahí pude ver de cerca a la telaraña que cubría ese canasto que hoy sigo teniendo en mi departamento de Capital Federal. El canasto estaba ahí, pero también estaba allá, el cuaderno ya no estaba y tampoco el frío con el cual entré a la tarde.
¡Qué loco no! Siempre dicen que el alcohol no es bueno, sin embargo a veces te devuelve la calidez que las mujeres de tu vida te hacían sentir cuando niña.
Rosana


