Me uno a la convocatoria juevera de Neogéminis. Gracias por la propuesta.
Infancias de película por Rosana
Quién podría imaginar que una zona tan visitada por los turistas como lo es "Caminito", cuna de Quinquela Martín, podría ser un sitio al que se le debe temer en demasía.
Durante las mañanas soleadas puede atravezarse por el empedrado de la calle Pedro de Mendoza, ir observando la negrura del petróleo del Riachuelo a la vez que uno va emborrachándose con el olor nauseabundo del combustible y sin embargo, el sol hace de las suyas e intenta brillar por entre las manchas de salitre espeso y pegajoso que emerge de las aguas.
| Foto obtenida por mi. |
A la derecha, esos edificios pincelados multicolor denotan que allí vivió uno de los mejores pintores. Ese que por la pobreza que sufría, utilizaba los restos de pintura que sobraban de los barcos y pintaba como un arcoiris todo lo que veía, incluso su propio ataúd. Ese espacio circunscripto del barrio de La Boca, entre Pedro de Mendoza, Suarez, Patricios y El Riachuelo, es uno de los lugares más semejantes a la torre de Babel, ahí, pocas veces la gente se entiende cuando habla porque llegan cientos de turistas de todas partes a ver "Caminito" y a conocer "La Cancha de Boca" y porque nadie escucha a las infancias que imploran atención deambulando y perdiéndose por entre el gentío.
| Foto extraída de la web |
Nadie sospecha que la niñez que vive en esos conventillos a perdido la esperanza antes de nacer. Uno de ellos de nombre Rodrigo fue el primer alumno que me enseñó que no es necesario tener muchos años para manejar una pluma de escribir como un arma mortal, de hecho, la colocó muy cerca de mi yugular un día que quiso enseñarme que el que mandaba en el aula era él, tenía entonces 12 breves años y yo como 35. Él descubrió que nada me daría miedo y yo descubrí que tenía muchas agallas que desconocía. Lo que les estoy contando no es una historia cualquiera, es la realidad de quien con los años, llegó a ser el jefe de una banda y ante el peligro inminente de que me asaltasen en la calle gritó: "A la profe no, no la toquen" - Recuerdo aquel día, muchos años despues de que yo le hubiera bajado la mano que sostenía la pluma mientras le explicaba que a mi iba a matarme, pero él estaría encerrado de por vida, y así bajó el arma y comenzó a respetarme.
Tal vez esta historia no tenga el suspenso que requiere la convocatoria o tal vez tenga todo el asombro de quienes miran esas fotografías llenas de color y desconozcan por completo qué pasa de noche, cuando las luces de los turistas se apagan o qué pasa en una escuelita, a pleno día, con infancias blancas por fuera, uniformadas detrás de los cándidos guardapolvos, pero destrozadas desde el vientre materno. Sé que soy muy cruel cuando escribo, pero también sé que Rodrigo podría haber sido el protagonista de una historia policial cualquiera, como también sé que sigue habiendo adultos que sólo ven los colores del pincel de Quinquela y prefieren quedarse con esa historia de novela rosa, pero lo realidad, la realidad jamás varía de gris o de negro. ¿Era un policial negro lo que había que escribir no?
Rosana Colombo