Este jueves el reto se encuentra a cargo de Nuria el tema: " La nostalgia y el tiempo", se trata de sumergirse en una atmósfera íntima y profunda, de nostalgia y recuerdos, el latido de una mujer, el sonido del tiempo ese tic tac constante y sigiloso que avanza sin detenerse.
En mi caso la nostalgia, el paso del tiempo se alinean con la vida actual en mi jardín y mi alma misma.
Antes quiero explicar un poco del simbolismo del colibrí en algunas culturas, ya que según las creencias la visita de un colibrí simboliza la visita de un ser querido que ya murió, por lo tanto, es un suceso cargado de sentido espiritual. Yo siento que espiritualmente es verdad.
Debajo les dejo imágenes de mi planta de plumerillo y un bordado que hice hace poco tiempo del colibrí y mi planta, diseñado y bordado por mi aplicado a la tapa de un cuaderno.
Al final de la historia dejo fotografías de mi plumerillo y dos colibríes de cristal que simbolizan a mis padres que ya no están en este plano.
El colibrí y el plumerillo. (Por Patricia F.)
Cuando hace muchos años mi madre, me regaló una pequeña planta de plumerillo, que hizo de gajo de la suya no imaginé que significaría tanto hoy en mi vida.
Siempre me gustó esa planta por todos los recuerdos de infancia que me trae y me trajo, esos pompones rojos en el patio de mi casa, tardes de mate a su lado en los cálidos días de verano y tantos juegos de infancia, mucha vida pasó a su alrededor y de esa planta es que mi madre logró hacer la mía, hace más de treinta años. Me sorprendió tanto su "mano verde" ya que lo intenté varias veces sin poder lograrlo.
En aquel tiempo, como dije anteriormente, no imaginé el significado que hoy tendría para mí.
Mi madre ya no está, pero un colibrí viene de visita cada día del año a alimentarse del néctar de sus flores, hasta en invierno pues esos pompones rojos la adornan y cuando no hay flores son su único alimento.
Por el simbolismo especial que tienen y porque yo lo siento así, que con ese colibrí mi madre me saluda y me hace bien.
Ese pequeñín inquieto que no se deja fotografiar, el último verano se posó en una rama del plumerillo mientras yo regaba mis plantas, a un metro de distancia, tanta fue mi emoción cuando sus pequeños ojos me observaban tranquilos que no pude contener las lágrimas.
Lamenté mucho no tener a mano mi celular para fotografiarlo para inmortalizar ese momento mágico, que ahora guardo en mi alma y mi mente como un tesoro que me regalo la vida y ahora mismo les estoy contando.
Sin dudas, esa tarde mi madre me acarició el alma.







