Esta semana el desafío de los jueves está a cargo del Demiurgo, el tema es: "Un crimen para resolver", se trata de escribir un relato policial donde se haya cometido un crimen.
Como yo no soy muy amante de este tipo de temas para escribir, elegí a dos de mis personajes que ya ustedes conocieron en otro desafío para escribir este, pido disculpas por haberme excedido un poco en el texto, pero la historia así lo requiere, espero haber logrado el objetivo.
La inocencia de Lucien. (Por Patricia F.)
Cuando la policía científica llegó con toda su alaraca de sirenas provenientes de la gran ciudad y se llevaron detenido a Lucien, llenando de bandas rojas la puerta y ventanas del local, la gente del pueblo quedó totalmente sorprendida.
Las mismas bandas rojas también cerraban el paso de la pequeña casa de campo donde se encerraba a escribir el occiso, un escritor famoso que no salía nunca de su encierro, pues debía terminar una novela por la cual recibiría mucho dinero.
Siempre llegaba algún auto a la propiedad, pero nunca se veía al conductor por los vidrios polarizados.
Lo cierto es que en la escena del crimen se encontraron restos de los famosos "Pain au chocolat” de Lucien, pero nadie en el pueblo creía que él fuera el culpable; ¿qué motivos podía llegar a tener Lucien para matar a un desconocido?
La policía no solo se llevó al pastelero detenido, sino que también se llevó las confituras como pruebas del delito.
Marguerite comenzó a salir de su casa a proclamar la inocencia de su amigo, una extraña luz en sus ojos no dejaba lugar a duda, ella repetía: - “Fue esa mujer, sin dudas”, pero no podía identificarla, pues ella la vio salir de la casa del escritor desde su ventana, ya que ella vivía en la finca de enfrente. Esa madrugada Marguerite no podía dormir y deambulaba por su jardín tratando de que el aire fresco le despejara su cabeza y entonces la vio salir...
Pasaron un par de semanas y Lucien regresó, arrancó las bandas rojas de su puerta, limpió el local y se puso a cocinar, ya habría tiempo de explicar lo sucedido.
Cuando horneaba sus croissants, Marguerite entró al local y se abrazaron con alegría.
La pregunta de Marguerite: ¿Fue ella verdad?, la mujer misteriosa.
Si, ella introdujo veneno en una de las confituras de mi panadería, se la ofreció a su amante, el escritor, mientras ella mordía otra, libre de tóxico dejando huellas de su labial en el resto que no comió, ella sabía que, si él moría, su última novela ascendería a precios exorbitantes, ya que ella sería la única destinataria de las ganancias por un documento que unos días antes había logrado que él le firmara, bajo los efectos del alcohol y en una noche de pasión.
- ¡Gracias Marguerite por ayudarme a salir de esto!
- ¡Tú me salvaste de mí misma un día, era justo que yo te salvara de esa farsa!