Esta semana la convocatoria para el jueves 26 de febrero está a cargo de Campirela, el tema: "Un personaje que no sabe que es especial", se trata de que él o la protagonista es un personaje normal o eso cree, el texto puede ser real, mágico, emotivo o una mezcla.
La pastelería de Lucien. (Por Patricia F.)
Cuando Lucien llegó al pueblo desde su Francia natal, cargando sus enceres y sus aromáticos productos, la gente lo miró con curiosidad y luego con cierta desconfianza cuando instaló su pastelería: "Lucien Boulangerí", en esa esquina frente a la plaza del lugar.
Nadie podía entender que ese joven tan alegre hubiera decidido vivir en ese pueblo olvidado en los confines del mundo.
Pronto Lucien conquistó los corazones con los aromas de sus exquisitos postres cargados de chocolate y especias que se fundían con esos maravillosos cafés y tés especiados.
Mientras en las afueras del pueblo en su silenciosa casa vivía Marguerite...
Al mirarse en el espejo no reconocía el rostro que la observaba, luces y sombres se conjuraban para confundirla, se enojaba con la imagen y le gritaba que le devolviera a su joven Marguerite, ella era la culpable de que se haya ido y lloraba, si lloraba de enojo, de impotencia.
Un día, furiosa salió al jardín buscando a la joven perdida, su mente nublada por las sombras y los años no le permitían recordar.
Sin saber por qué ese día salió de los límites de su propiedad y caminando a paso seguro llego a la pastelería de Lucien y sin más le espetó: “¿Has visto a mi joven Marguerite, sabes dónde puedo hallarla?”
Lucien vio la desesperación en su rostro y la oscuridad en su mirada, la tomo de las manos y la condujo a una mesa tranquila cerca de su cocina, la calmó con sus palabras y la invitó con una de sus especialidades pain au chocolat y su té con especias de las Islas Molucas, de Indonesia, esos aromas embriagadores tranquilizaron a Marguerite, su mirada se volvió más clara y luminosa.
Mientras ella disfrutaba de ese exquisito sabor, Lucien la acompañaba, cuando hubo acabado lo miró con ternura y solo pudo decir: “muchas gracias, estos sabores son mágicos, me siento muy bien”, le sonrió y se marchó mientras Lucien la observaba satisfecho.
Cuando ella llegó a su casa, entro en su cuarto y se acercó al espejo soltó un grito de alegría, la joven Marguerite la estaba mirando y un aroma a chocolate con especias inundaba el aire.
Gracias, Patricia.
ResponderBorrarAquí se demuestra que, por muy mal que se esté, cuando alguien se acerca a nosotros con buenas palabras y una sonrisa, la cosa cambia, y si encima están esos olores y sabores, pues qué decir.
Una dulce historia que terminó como debía ser. Un besote grande. Bienvenida de nuevo.
hola Campirela, muchas gracias, mi intención es que la magia se transmita a través de los sabores y aromas, y que esa persona a través de su cocina cambia la vida de alguien sin siquiera saberlo.
BorrarUn abrazo.
PATRICIA F.
Necesitamos acudir a la llamada de la soledad, tenemos que acompañar al solitario, escuchar y charlar nos da la alegría necesaria para poder seguir compartiéndola. Una preciosidad de texto Abrazos
ResponderBorrarHola Ester, muchísimas gracias por tus palabras, tender una mano a quién está solo, acompañarlo de alguna manera es lo que cuenta, hacer de su día un momento más feliz.
BorrarUn abrazo.
PATRICIA F.