Me uno al reto juevero y confieso que nunca se me dan muy bien los relatos con personajes, así que intenté cumplir lo mejor que pude con la consigna planteada por ALMA LEONOR
He tratado de retratar la vida misma, como siempre, así que espero que lo disfruten o que lo critiquen, todo siempre es muy bienvenido.
Yo creo que es un pez gato (por Rosana)
Septiembre,
2 de 2024
Querido
diario:
Más que mi diario sos mi pesadilla. Comencé a escribirte en diciembre de 2019. Llevamos ya casi cinco años juntos, una pandemia en el medio y un exhaustivo registro de cada vez que concurrí a este tedioso lugar para colocarme cuatro implantes.
Hoy, en la sala de espera, reina la desesperanza y el ruido.
Ya veo que salgo a cualquier hora. ¡Ah!, me olvidaba, en el medio de todo esto
también me jubilé. Logré jubilarme del trabajo, pero dudo que pueda algún día
jubilarme del odontólogo. No te rías, no
es gracioso, si esto termina, algún día, haré una sonrisa eterna, larga y resplandeciente, antes de morir, porque entre lo que invertí y el tiempo que
vienen llevándome estos implantes, necesito amortizar todo lo que voy
perdiendo: tiempo y dinero y cada día
tengo menos ganas de reírme y entonces, ¿para qué?, si esto jamás va a terminar,
¿ quién va a disfrutar de mi bella sonrisa el día que me jubile del dentista?
¿Eh?- Dejaré dicho que por favor, si fallezco, no se olviden de que quede
sonriendo durante el velorio, debo aprovechar esto con urgencia.
Hoy comparto la sala con otras dos condenadas a la amarga
espera como yo. Parecen conocerse. Son grandes, muy grandes. ¿Vieron? Tengo
razón, envejeceré viniendo aquí cada quince días, Se sentaron contra el vidrio, no
dejan de hablar. Son abuelas. Tienen sus gestos cansados y amargos, no puedo
comprender bien si es por el aburrimiento de estar aquí o por sus vidas que según parece, no son un carnaval que digamos. Una no deja de
pasarse el índice por la boca y de vez en cuando entierra la uña entre dos de sus
dientes para sacarse la basura de lo que comió hace un rato y la escupe para
afuera. ¿A quién maté yo para tener que tolerar todo esto? En el asiento de
enfrente, dos criaturas muy poco serenas comparten un paquete completo de
gomitas de colores. Pero, ¿no estábamos en el dentista? La vida me va
maravillando día a día. Obviamente las pobres sexagenarias hacen lo que pueden,
si deben compartir la tarde con sus dulces nietecitos, o les dan el celu para
que se conviertan en momias tecnológicas o les llenan la panza de azúcar porque
están creídas que así calmarán su ansiedad.
Y adentro ¿quién estará adentro? Yo creo que debe de ser un
pez gato, arreglándose las caries de sus nueve mil doscientos ochenta dientes,
todos juntos, porque hace hora y media que el supuesto padre de estos dos no
abre la puerta; porque entre otras cosas, parece que estas son madre y suegra
del susodicho mártir al que están masacrando adentro que parece ser que es el
padre de los angelitos que todavía no saben que están arruinando sus dentaduras
y terminarán como yo, sentada aquí hasta la eternidad y como su padre, que no sé
por qué vino acompañado de estos cuatro personajes de terror.
Otra vez se está acabando la tinta de mi lapicera. Escucho el
picaporte y ahí me toca, voy, ¿hasta cuándo todo esto?
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Poquito me gusta ir al dentista y voy, menos mal que no suele hacerme esperar, las salas de pensar si me voy o me quedo no me gustan mucho. Tu relato si está muy bien construido. Un abrazo
ResponderBorrarHola Ester!!! Qué alegría que hayas vuelto por estos lares! Gracias por pasar! Siiii las esperas desesperan e inspiran. Un gran abrazo!!! (Rosana)
BorrarHas construido una gran historia, pero me has dejado loca con todos los dientes que tiene un pez gato, jajajajaj.
ResponderBorrarUn besote Rosana.
Hola Campi, es que hice prolijamente la tarea, investigué para la ocasión. Jajajajaja. Muy bonito el pez sentado en el.sillón del odontólogo. Un gran abrazo.
ResponderBorrarRosana
¡Que buen relato! :D :D Toda la angustia de una visita al dentista resumida en un pez gato y cinco personajes. Muy bueno. :D :D Ya está puesto en HELICON.
ResponderBorrarSaludos. AlmaLeonor_LP
Ayyyy, me alegro tanto que te guste Alma Leonor. Pensé, pensé, muchísimo, lo consulté con Patricia y finalmente, dejé volar mi otro costado: el irónico y bueno, salió eso. Un fuerte abrazo desde el sur del planisferio. Rosana
BorrarCreo que la mayoría tenemos pánico al dentista. Aunque la cantidad de dientes de un pez gato me sorprendió un montón, que miedo. Un abrazo
ResponderBorrarHola Nuria, ya le perdí el miedo y me quedó la impaciencia. Lo del pez gato me sorprendió a mi también. Un abrazo
BorrarJajaja Muy bueno el relato, ese toque de humor negro, morí de la risa cuando pusiste que la dejarán en el velatorio con una sonrisa, siempre odie los velatorios pero le has puesto una pizca de cómico a este jeje Las deducciones que uno puede hacer esperando en la sala del dentista, genial! Besos por ahí!!!
ResponderBorrarjajajajaja, claro, son tan caros los implantes que ameritan ser lucidos a como sea
BorrarUn abrazo enorme
Por cierto el pez gato da miedito esos dientes... Jeje
ResponderBorrarSiiiiiiiii, una enorme piraña
BorrarJajajajaja, esta excelente Ro, yo que conozco los pormenores de tus interminables visitas al odontólogo doy fe de tu sufrimiento, me encanta la historia que creaste a partir de esa insoportable sala de espera, un abrazo grande.
ResponderBorrarPATRICIA F.
Yo también me reí mucho al escribirlo. Gracias Patri, un abrazo enorme. Rosana
BorrarUn relato muy ingenioso y unos razonamientos que la mayoría de los mortales no nos hacemos cuando vamos a arreglarnos la boca.
ResponderBorrarYo también me preguntó ¿Para qué? Cuando terminemos de pagar y la boca se quede perfecta, la luciremos en el cementerio , o lo que es peor, será pasto de las llamas.
Es que sale todo tan, pero tan caro que uno se pregunta si habrá que andar con la boca abierta todo el tiempo para que se vea. jajajaja. Un abrazo. Rosana
BorrarDesde pequeña, el dentista para mi es peor que el coco..no me gustaba ni me gusta ahora, pero a veces no queda de otra, pero esta visita en tu dentista me ha hecho reir....esa parte de que cuando mueras te dejen con una sonrisa para que puedan ver todo lo que pagaste, es lo máximooo!! Buen relato...bsssss
ResponderBorrarjajajajajja, qué bueno que lo hayas disfrutado!!! Un abrazo (Rosana)
BorrarPasé y leí, me gustó todo, sólo quería decir que jamás me ha dolido NI UNA sola vez ir al dentista, y mi dentista está buenísma entonces ir para mí es como niño llendo a la tienda más surtida de dulces... y qué dulce hmmmm comentario vulgar patrocinado por el conejito feliz.
ResponderBorrarQué bueno que lo disfrutes de esa manera, es una gran ventaja!!!! Gracias conejo por pasar por mi madriguera. Rosana
BorrarEl paso por el dentista es siempre como una caja de sorpresas (o de bombones, como decía Forrest Gump). Nunca sabes lo que te van a pronosticar ni el dinero que te van a querer sacar. En la sala de espera descubrimos personajes que podrían inspirarnos para escribir toda una novela.
ResponderBorrarMe ha gustado tu enfoque.
Saludos
Las salas de espera son una fuente de inspiración inagotable!!!! Gracias Marcos por pasar por aquí
BorrarAyyy te comprendo! Todo una tortura esas visitas interminables al dentista! No sé lo deseo a nadie jejeje. Un abrazo
ResponderBorrarTotalmente, cada vez que voy me arruina el día. Gracias Mónica, un abrazo Rosana
BorrarPor lo que contás, hay un sufrido personaje, que no sabe si es peor soportar a esos personajes o sobrellevar una consulta prolongada al dentista.
ResponderBorrarElocuentemente contado. Un abrazo.
Gracias Demiurgo, un honor que pases por aquí. Un abrazo (Rosana)
Borrarbuenísimo lo de la sonrisa, y que cada vez la practicamos menos. Parece como los latidos del corazón que tenemos un número limitado, y andamos con miedo de que se agoten cuando más falta nos hagan. No dejes de practicar la ironia; no tenemos un número limitado para eso.
ResponderBorrarAbrazooo
La ironía y yo compartimos el corazón, siempre irá conmigo. Gracias Gabiliante. Un abrazo.
BorrarSegun parece muchas de las cosas que hacen los odontologos e higienistas son inutiles y superfluas.... pero otras son de vital importancia, nada peor que un dolor de muela.
ResponderBorrarSi, no le quito mérito, es que mi tratamiento es demasiado largo ya. Muchísimas gracias por pasar por acá. Abrazo. Rosana
Borrar¡Me ha encantado tu relato de humor! 😂 Qué bien has retratado esos momentos eternos en el consultorio del dentista... ¡no puedo con eso! Y las fotos de los peces, madre mía, estuve un buen rato mirándolas también, ¡parecen ser pacientes bastante complicados! 🐠😅 Lo contaste de lujo. 👏
ResponderBorrarMuchísimas gracias Lucila, qué bueno que te hayas divertido tanto como yo al escribirlo. Un fuerte abrazo.
Borrarheredé biologicamente la buena dentadura de mi madre, me la cuido, por supuesto, pero se que la tengo perfecta y completa desde siempre por ello no me preocupo de ella, la pobre señora se martirizaba sólo de ver como los niños comían gominolas
ResponderBorrarHola Rodolfo muchas gracias por pasar. Un abrazo enorme.
BorrarEl relato impecable. El uso de la primera persona y el diario personal le dan el toque de realismo.; así como el uso del prente, ya que, por un momento pensé que la narradora estaba enloqueciendo. Excelente descripción de lo que sentimos los lectores. Felicitaciones Rosana.
ResponderBorrarPatri, qué orgullosa me pone tu comentario!!! Un abrazote.
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