Este jueves 2 de abril la propuesta de encuentra a cargo de Neogéminis, hay que elegir una foto dentro de las propuestas y escribir una historia, yo tenía esta historia escrita del año pasado que escribí mientras estaba internada por mi fractura, pero la tuve que recortar mucho pues tenía más del doble de las palabras que se piden en el desafío, al finalizar mi cuento dejo un par de imágenes de mi autoría, de la ruta de los 7 Lagos y bosques.
Entre todas las imágenes, elegí ésta.
Leprechaun. (Por Patricia F.)
Aquella mañana mientras hacía mi caminata habitual por el bosque, encontré una extraña piedra verde esmeralda, que semejaba el rostro de un duende, la observé detenidamente, al hacerlo sentí que alguien me estaba llamando, con un llamado sordo queriendo comunicarse conmigo y ese objeto de piedra era su instrumento.
Una fuerza extraña, me invitaba a visitar el bosque. Observé la piedra una vez más, la guardé en mi bolsillo y me adentré aún más entre los árboles sin siquiera imaginar lo que allí me esperaba...
El sendero muy estrecho al principio ocultaba a los ojos no deseados su secreto. Al ver tanta belleza escondida bajo la húmeda hojarasca mi vista se maravillaba cada vez más.
Abstraída por el paisaje circundante, no noté que el bosque cada vez más oscuro se ensanchaba dando espacio a un claro central; sentado en una gran roca estaba él, sí Él, un pequeño duende, vestido con ropa de paño verde, sombrero, una gran barba roja como el fuego de los atardeceres patagónicos, llamado Declan, se presentó con el total desparpajo del que son capaces los duendes y ante mi sorpresa absoluta me saludo en su irlandés perfecto: ¡Dia duit, is mise Declan!
Deje caer mi mandíbula en un ridículo gesto de curiosidad y asombro; ante esa morisqueta de perplejidad, máscara carnavalesca veneciana que asomaban a mi rostro, me invitó amablemente a sentarme a su lado y cerrar mi boca, que aún permanecía abierta. Aun sin reponerme de la sorpresa, nuestro dialogo comenzó a fluir naturalmente.
Me contó que su padre hacía dos mil años envió a cada uno de sus hijos a diferentes lugares del mundo para cuidar boques que encierran la magia que atrae a las almas preparadas para captar la belleza escondida en cada rincón, a él lo destinó allí y fue creando ese bosque y todos sus misterios, que solo permitía ver a pocos elegidos, pues los corazones sin sensibilidad no son capaces de ver el alma del bosque. Me mostró las bellezas escondidas detrás de los acantilados y como cada atardecer a través del rojo cielo se comunicaba con sus ancestros a través del mundo, los Leprechaun, criaturas feéricas destinadas a repartir su sabiduría de la naturaleza por el mundo humano a quién sepa apreciarla.
Cada año regreso a San Martín de los Andes y recorro los viejos senderos, pero no lo he vuelto a encontrar, segura estoy de que él me observa desde algún sitio y sabe que lo recuerdo, no estoy loca, simplemente alguna vez nos encontramos. Y mi corazón se enamoró del bosque.
Estas imágenes las tomé en el 2024
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