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Aromo - árbol autóctono de las sierras cordobesas - Calmayo, Córdoba, Argentina |
Les presento a mi aromo, uno de los tantos árboles que planté y planto continuamente en esta parte del mundo que he decidido hacer mía.
Cada uno de ellos me muestra el paso del tiempo. He decidido, me he convencido que ya no usaré el calendario para ver cómo cada uno de los días va pasando por el colador del minutero. ¿Para qué? Ya sabemos que esa medida inventada por el hombre es cruel, y cualquier otra que se invente lo será también terriblemente. Así, que el esplendor de mis árboles, cada brote, cada rama, cada vez que florecen y luego se vuelven semillas, me indica: que ellos están felices por estar aquí, y que yo seguramente tenga unas cuantas canas más.
Cada brote, una futura arruga. Soy consiente de que tal vez no vea desplegar esas copas que tanto añoro mientras voy viajando por la ruta que me trae hasta aquí, y entonces, deliro quién será que las vea, quién se pondrá a la sombra que por mi fue planeada y proyectada. Inútil luchar contra eso: será asi, desde el comienzo de los tiempos en que nadie sembraba, sino que sólo estaban donde querían estar.
Me ocurre una sensación parecida cuando me coloco debajo de las copas de los eucaliptus que estaban esperándome aquí antes de que lleguemos ¿Quién los habrá visto flacos, escuálidos, bailando al ritmo que al viento se le antojase?
Mi aromo va para donde quiere, extiende sus ramas hacia la izquierda buscando tocar la punta de la sierra que me acompaña cada tarde, cada anochecer espléndido, aquí, en este nuestro lugar. Tiene unos brotes verdes insultantes, llenos de vida de empuje, de fortaleza, brotes que no existían cuando lo trajimos y lo obligamos a enraizar aquí con nosotros. Esas ternuritas marcan que él está feliz, ya convencido que este es su lugar, sim embargo quiere escaparse hacia la izquierda y todo eso lo descubro, mientras descubro nuevas manchas en mis manos...no estaban cuando lo traje... El tiempo
Para empezar, me encanta el aromo. Pero lo que de veras me ha gustado es tu relato, es la vida misma. El paso del tiempo, inevitable, e incluso, agradecidos, señal de que lo vivimos. Pero sí, es tan rápido... Besos :D
ResponderBorrarQué bueno compartir el amor por los árboles. Abrazo
BorrarBonita manera de medir el paso del tiempo. También es verdad que es uno más consciente de la brevedad de su paso por el mundo, comparándose con ellos, ¿verdad? Un abrazo!
ResponderBorrarUn gran abrazo. Graaaaacias
BorrarEn la vida y tamaño de un árbol se ve claramente hasta qué punto el tiempo pasa. Eso hace precioso sembrar cualquier árbol, que tal vez no podamos ver crecer.
ResponderBorrarUn abrazo
Si de siembra se trata, ahí estoy!!! Beso
BorrarMe gusta eso de negarse a medir el tiempo por el reloj o el calendario. En la naturaleza quizás la fugacidad logre expresarse con menos crudeza. O no. Depende del espíritu con el que la observamos
ResponderBorrarExactamente, intento evitar la crueldad impuesta por el hombre. Un abrazo
BorrarEl mejor reloj que tenemos es la naturaleza ella nunca falla. Un beso y muy feliz año a todas.
ResponderBorrarMuy feliz año Campieela, un abrazo
BorrarEs hermoso lo que escribiste Ro, nada ni nadie mejor para marcar el tiempo que los árboles.
ResponderBorrarSin dudas que ese pequeño un día te dará la sombra necesaria para que puedas sentada debajo de él tomar unos mates mientras lees un buen libro.
Un abrazo, (Patricia)
Qué bueno compartir este amor por las plantas. Me encanta!!!. Abrazo
BorrarMe encanta esa forma de medir el tiempo, más sutil y menos dura. Gracias por tu aportación, besos.
ResponderBorrarGracias Mili por la propuesta. Me encantó
BorrarSin duda, esta forma de medir el tiempo me gusta mucho más que la oficial, que parte de que un segundo es la cantidad de oscilaciones de las partículas átomos de cesio 133 que al parecer son de 9.192.631.770 veces. Eso es el segundo, según la Ciencia. Estupendo texto. Un abrazo!
ResponderBorrarGuauuuu cuánta exactitud y yo que quiero alejarme de las medidas y no medir en absoluto nada!!! Jjjjjja. Gracias
BorrarSentís cada palabra de tu relato, porque estás consustanciada con el paisaje transmitís tu pasión por ese lugar... Poca gente sabe sentir así. El tiempo será tu aliado. Ya verás...
ResponderBorrarAbrazo hasta vos.
Hola Carlos, gracias, siempre tus comentarios me invitan a seguir escribiendo. Gracias otra vez.
BorrarEl paso del tiempo es inminente, lo que hagamos con el nuestro es lo que nos vuelve plenos, como esos hermosos aromos, precioso tu sentir
ResponderBorrarUn abrazo
Gracias por pasar por aquí Mujer de negro. Es verdad, el tema es lo que hacemos con el tiempo
Borrar¡Qué lindo que es plantar un árbol y verlo crecer! Maravilloso. Y por él, ser consciente del paso del tiempo. Pero estoy segura que ese tiempo fue bien aprovechado. Besos.
ResponderBorrarEs maravilloso Myriam, a mi me funciona como si fuese a un spa. Un abrazo enorme!!!
Borrarcomo la belleza, el tiempo existe siempre que haya un testigo de ellos, en sí no tendrían sentido. Un gato puede que no admire la belleza como los humanos, un perro no es consciente del paso de los años. Un abrazo
ResponderBorrarTal cual Rodolfo, es como vos lo describís. Gracias por pasar por aquí!!!!
BorrarHermoso texto y hermosa manera de hacer del tiempo lo que es, algo natural, como la vida de un árbol.
ResponderBorrarUn abrazo grande.
Gracias Esther, a mi todo esto me encanta, en los fondos de pantalla del blog pueden verse las fotos del resultado del trabajo. Un abrazo enorme!!!
Borrar¡Qué forma más hermosa de relativizar el tiempo!, y de ver cómo abriga y avanza mucho más lento pero con mil frutos que satisfacen. Cada hoja es como un largo e interminable segundo que echa raíces.
ResponderBorrarMe ha encantado, de verdad.
Un beso enorme.
Me encanta la naturaleza y esa forma tuya de contar el tiempo a traves de un árbol. El paso del tiempo parece más amable así.
ResponderBorrarAbrazos
Gracias Lucía por pasar por aquí. Gracias por apreciar mis escritos. Un abrazo
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