miércoles, 1 de julio de 2026

Espesa niebla. (Por Patricia F.)

 Este jueves la convocatoria está a cargo de Neogéminis, el tema propuesto es: "Intriga en la gran ciudad", se trata de escribir un relato que no supere las 350 palabras, con la estética y características de la novela negra tradicional, tratando de meter al lector en el mundo de intrigas, sordidez y conflictos, donde la ambientación es el pilar fundamental para desarrollar la narrativa.



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A veces la oscuridad, la sordidez no están afuera, sino adentro de uno... 



                 (las imágenes que usé para acompañar mi historia son de IA)


Espesa niebla. (Por Patricia F.)


Era una especie de callejón sin salida, el mundo lo devoraba, sus propios demonios luchaban con los ajenos...

Por la calle empedrada caminaba a paso lento, cantando bajito ese tema de música rock icónico de los años 80, mientras fumaba un pucho y en la otra mano una lata de cerveza casi vacía, ¿era la cuarta, quinta o sexta de esta noche?, no lo recordaba.

Se sentía triste, vacío como nunca, la sordidez de la calle se iba acrecentando a la par de su tristeza, no encontraba su espacio en ninguno de los mundos que habitaba. Su mente solía jugarle bromas y no sabía si todo era real o dónde estaba, a veces se sentía tan perdido, casi al borde de la locura.

La espesa niebla bajaba cada vez más transformando las sombras de los árboles de la plaza en fantasmas que amenazaban con devorarlo, pero la niebla de su mente era aún más espesa y su monstruo interior, aún más aterrador que los callejeros no paraba de atacarlo.

Se sentía vacío, atragantado por su dolor, mientras avanzaba lentamente. Con el cigarrillo que estaba terminando encendió otro y aspiró el humo con tanta fuerza, como queriendo en cada bocanada poder ahogarse en su propia miseria de soledad, humo, alcohol. Desde cuando se sentía así, no lo recordaba, desde siempre quizá, solo sabía que no encajaba en este mundo.

Un indigente que se cruzó en su camino le pidió un cigarrillo, él se lo dio encendiéndolo de la misma manera que el suyo

Se miraron sin decir nada, él sacó otra cerveza de su mochila y se la ofreció al hombre, que agradeció con una sonrisa. Por un instante se sintió menos solo, mientras continuaba su camino pensaba que por un momento la niebla se había disipado, que por un pequeño instante ese callejón le abría una pequeña salida a su oscura vida.




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