Esta semana la convocatoria juevera se encuentra a Cargo de Mónica en su blog Neogéminis, el tema es: "2 de 3, Borges", donde se nos propone dos de los tres párrafos propuestos, de diferentes cuentos de Jorge Luis Borges y a partir de lo que ellos sugieran, armar una historia de alrededor de 350 palabras.
PÁRRAFOS A UTILIZAR (2 de 3)
* El patio es el declive por el cual se derrama el cielo en la casa. Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
* Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos...
* Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras.
Yo elegí las dos últimas, que puse en el texto resaltadas en negrita.
Les dejo fotografías de mi autoría, del campo, el atardecer y la luna.
Pampa. (Por Patricia F.)
Es la última hora del día, mientras el sol se derrama en el lejano horizonte tiñendo de rojo los árboles, la pradera, el cielo; me encamino hacia la distancia, esa lejana y fría distancia que nos separa de lo que amamos, soñamos y creemos.
A mis pies los tréboles en flor derraman su perfume mientras ese anaranjado rojizo se apodera de sus flores y se me estruja el alma, la llanura me habla a la vez que el sol cada vez más abajo da paso a la luna en el otro lado del campo llano asoma fría, se siente muy distante, calculadora.
Me estremezco, mientras la calidez del astro rey da paso al sereno de la noche, pienso, hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo, nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos... Y trato de entenderlo, no puedo, luces y sombras bailan ante mis ojos.
Siento un poco de miedo, quizá porque nunca llegué a comprender esas sensaciones que me produce el encuentro de la tarde y la noche, porque los fantasmas danzan en mi cerebro y me atormentan, soy parte de ese mundo y no sé cómo explicarlo. Ahora que mis tiempos se acortaron, que lo por vivir es mucho menos que lo ya vivido, el mundo de lo vivo y lo inerte salta ante mis ojos con esos cambios, aprieto el libro que estoy leyendo entre mis manos mientras camino pensando en esas palabras de Borges: cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; solo quedan palabras, y tal vez yo, ya me esté quedando sin ellas.



