jueves, 12 de octubre de 2023

Misteriosa dama del sombrero. (Por Patricia F.)

 

En esta propuesta de los jueves Merche nos propone escribir un texto inspirado en el título de una canción.

Les cuento que este micro lo escribí hace un par de meses estando en el teatro, en el intervalo de una ópera, pero creo que se adapta perfectamente al reto de este jueves.

La canción que elegí es de Queen: "The Show Must Go On", el show debe continuar.










Misteriosa dama del sombrero. (Por Patricia F.) 



Allí estaba sentada, en quinta fila de la platea, en el asiento del medio. Las piernas cruzadas, vestidas con unas elegantes botas de cuero negro y caña alta; tapado también de cuero negro, hasta la rodilla y un exquisito sombrero, que no permitía ver su rostro a quienes pasaban por el pasillo. 

Sostenía en sus manos el programa de la ópera con fingida concentración. 

Podía intuirse por sus delicadas manos de uñas cuidadosamente pintadas, que era una mujer joven, allí estaba sola en esa quinta fila, sin advertir la presencia de los otros espectadores, concentrada en sus pensamientos. 

Se apagaron las luces, la orquesta empezó a tocar la obertura, al abrirse el telón los cantantes comenzaron la función. 

La misteriosa dama clavó su ardiente mirada en el tenor, como si quisiera fulminarlo con ella. Al finalizar el primer acto y luego del intervalo, comenzó el segundo acto con el previo aviso al público, que, tras sufrir una fuerte e inesperada indisposición, el tenor fue reemplazado por su cover. 

La misteriosa dama ya no estaba en su asiento, un halo de perfume francés quedó allí impregnado, en la entrada secundaria del teatro, una ambulancia aguardaba. 

A una cuadra de distancia una elegante dama se alejaba, con una sonrisa en sus labios color carmín. 







Les dejo de regalo una foto que saqué de la bellísima cúpula del Teatro Colón , la araña tiene 552 lámparas, dentro de ella en ciertas funciones puede albergar al coro de niños u otros cantantes, cuando la puesta lo requiere.





Les dejo el video de Queen, con el tema The Show Must Go On.





martes, 10 de octubre de 2023

Tiempo de peluquería. (Por Patricia F.)

 


Hola amigos, este mes de octubre Merche nos propone escribir una obra de microteatro, donde "el tiempo" es el tema del reto, donde hay que escribir un texto, preferiblemente corto, un diálogo entre dos o más personas, al estilo del teatro.

Esta es mi idea para el micro, se me ocurrió mientras estaba en la peluquería a la que voy desde hace más de treinta años y dónde ocurren las catarsis de diálogos y problemas, además de ponerse linda.

Espero les guste.






Tiempo de peluquería. (Por Patricia F.) 

 

Diálogo de WhatsApp: 

Yo - Hola Claudia, buenos días, ¿ tenes turno para mañana a las 10 hs? 

Claudia – Hola bonita, si, si venite. ¿Qué te vas a hacer el color? 

Yo – Si voy a teñirme las raíces. 

Claudia – Ok, dale te espero, hasta mañana. 

Yo – Hasta mañana, bs. 

Diez menos cinco salgo disparada hacia la peluquería que queda a pocas cuadras de mi casa. 

Yo – Hola Claudia, creí que no llegaba a tiempo, me levanté temprano, pero mil cosas por hacer como siempre (mientras le doy un abrazo, como cada vez que nos vemos desde hace más de veinte años) 

Claudia – No hay drama, yo llegué hace un ratito, el colectivo demoró demasiado tiempo en llegar hoy, no sé qué paso. Bueno, contame que te hago ¿solo raíces? 

Yo – Y un par de mechitas rubias acá para disimular estas canas rebeldes, que no soporto. 

Claudia – Bueno, dale, ponete cómoda mientras preparo todo. ¿Vos cómo estás? 

Yo – Todo bien, corriendo de acá para allá como siempre, con poco tiempo para todo. 

Claudia – Ni me lo digas, a esta altura del año solo quiero vacaciones, aunque no me vaya a ningún lado este verano, quiero, aunque sea una semana estar sin obligaciones, sin salir, sin correr detrás del reloj, sin horarios. ¡Estoy agotada!  

….................................... 

Continuamos charlando y riéndonos, cuando voy a la peluquería es el momento en que no tengo apuro y me tomo el tiempo para mí, para relajarme, conversar. Contrariamente a lo que les pasa a muchas mujeres, que se aburren o sienten que pierden el tiempo sentadas dos o tres horas allí, yo lo disfruto, me tomo ese momento de descanso, junto con un café que siempre me ofrecen junto a la conversación. 

Salgo renovada, feliz. 

Le doy un abrazo a mi estilista mientras le digo: 

Yo – Preparate el mes que viene agregamos unas mechas rojas, como el año pasado, el verano está cerca, jajajaja. 

Mientras Claudia, cruza los ojos, se ríe y me dice: - Siempre con tus ocurrencias vos, un día te tiño de violeta. 

A lo que yo respondo, riéndome también: - No es mala idea, sabes que me encanta el color. 

 

viernes, 6 de octubre de 2023

Marisol. (Por Patricia F.)


Hola amigos, el Tintero de Oro nos propone un nuevo concurso de relatos, XXXVIII ED. homenajeando al libro "Matar un ruiseñor de Harper Lee".

En este caso hay que escribir un relato donde el tema sea una historia relacionada con algún tipo de injusticia social, con un máximo de 900 palabras.

Espero les guste mi historia, me inspiré en una niña que realmente conocí en mi infancia, vivía en mi barrio, jugaba con ella pero siempre en mi casa, no nos dejaban ir a jugar a la casa de ella justamente porque su mamá no tenía muy buena reputación, pero a diferencia de mi historia fuimos amigas hasta que un día se fueron.

 Por alguna razón esta propuesta me la recordó.







Marisol. (Por Patricia F.) 


Corrían los años sesenta, época de hippies, del amor libre, de liberarse del sostén, la “nueva ola” como le decían en algunos sitios, claro sólo en algunos pues en otros puntos cardinales esa liberación era vista con horror y seguían atados a las viejas costumbres y a muchos prejuicios. 

Ella llegó al pueblo, de la mano de su madre. Tímida, muy tímida, callada con una mirada asustadiza. 

Nadie sabía bien de dónde venían ni si se instalarían definitivamente allí. 

Marisol, así se llamaba, nació sin tres de los dedos de su mano derecha y el índice con una sola falange, a pesar de ello aprendió a usar su mano muy bien, escribía con una linda letra, y hacía todas las tareas posibles con ella. 

Pero pronto en el pueblo comenzaron los rumores de que esa manito era por castigo divino a su madre, puesto que, al no tener trabajo fijo cuando necesitaba dinero, recurría a la profesión más antigua del mundo y obviamente en el pueblo todo se sabía. 

Los otros niños la miraban con curiosidad, algunos se reían de ella, los más pequeños le temían porque los mayores les hicieron creer que era hija del “diablo”, las madres la observaban con pena, pero a la vez no querían que sus hijas jugaran con ella, su progenitora era un mal ejemplo. 

Marisol vivía así, con pocas palabras, con sobrada vergüenza... Con una honda tristeza. 

Su madre decía que ella fue un regalo a su vejez, para no estar tan sola pues sus hijos mayores hacía tiempo ya que habían volado del nido, creando los suyos propios, con varios nietos en su haber, pero todos allá en el Paraguay, en su tierra. Así que Diosito le mandó a la Marisol, que, aunque le vino un poco fallada, acompañaba sus días. 

Sostenía que “la mala herencia” venía de alguno de sus hombres pues de todos los hijos que ella parió, ninguno vino fallado. 

Marisol, escuchaba y callaba, sabía cuál era su defecto, por eso se esforzó por usar bien su mano, aunque nunca se sintió animada por nadie.  

Cuando algún amigo de su madre llegaba de visita, ella debía salir de la pensión, hasta que el hombre en cuestión se fuera. 

A veces, cuando el día estaba feo se resguardaba del frío y lluvia debajo del alero de una vecina, pero si había sol se iba a caminar a orillas del río, imaginando que era un mar de grande, porque no conocía el mar y soñaba con conocerlo. A la hora de la siesta estaba solitario el arroyo, sentía que era como ella y que la comprendía, muy solo en el cause buscando su camino al mar. Al menos él tenía las caricias del sauce que extendiendo sus ramas tocaba su fresca superficie, pero ella... 

Solitaria como el río buscando encajar en el mundo, era el ser extraño, sin padre, rodando por la tierra junto a su madre. 

 En la radio sonaba música en inglés, los jóvenes usaban pelo largo, ropa colorida, zapatos con plataformas, los cambios lentamente llegaban al pueblo mientras Marisol crecía, con su pena junto a su amigo el río. 

Un día, se fueron del pueblo buscando quizá mejor destino, nunca se supo nada más de madre e hija, vaya uno a saber a dónde las llevó el camino. 

Hoy, frente a un televisor una mujer madura se sorprende mirando las noticias, mientras observa su mano se dice a sí misma: - Cuántas cosas podría haber hecho de niña si hubieran existido las prótesis 3D, eso sí que es un invento, y todos habrían tenido un verdadero y sorprendente motivo para hablar de mí. 

 

 

 

El sentido de la amistad. (Por Patricia F.)

  Esta semana la propuesta de los jueves está a cargo de LUFERURA , el tema es: "Primer contacto", el protagonista del relato debe...