Y un día el destino nos unió para competir en el Mundial de Escritura, para competir armando rompecabezas de palabras, mensajes que se lleve el viento, cuentos que distraigan a quienes nos vengan a visitar. Nos unimos, escribimos y disfrutamos haciéndolo, entren, vean, lean y disfruten junto a nosotros.
jueves, 24 de febrero de 2022
"Te quiero ma" - por Rosana
miércoles, 23 de febrero de 2022
Cuando el frío me enseñó a conducir
| Calles de Dock Sud Imagen extraída de la web |
Seis y diez de la tarde. Hace un rato largo que está oscuro.
El invierno se anuncia de esta forma, un día de semana, realmente un descarado,
no traje más que el sweater, a la mañana no hacía frío. Todavía estoy en la
escuela. El aire frío entra por las ventanas. El colectivo va a tardar muchísimo.
Si por lo menos el timbre tocara seis y veinticinco no me perdería el que pasa
seis y media. Ahora tendré como media hora para contemplar el gris del barrio a
esta hora de la tarde. Tiemblo, tengo piel de gallina. ¡Odio esperar el
colectivo que encima va a dejarme como a cuatro largas cuadras! Quisiera tomar
un helicóptero que me deje directamente debajo de la ducha tibia.
No llega. Quedan al desnudo los adoquines que al medio día
sufren una y mil pisadas de los transeúntes que, a esta hora, ya están con algo
caliente en sus manos, en sus casas. Hace como diez minutos pasó la última
madre en compañía de su niño, fueron a la fotocopiadora a encargar lo que
necesitará para las clases de mañana. Quedan a la intemperie los autos
destruidos de la agencia de Remis. Solo por estos lares, los autos pueden ser
desparpajos oxidados, con las puertas sujetas con pegamento y un motor que
carraspea todo el viaje hasta el destino.
Ya subí y bajé del cordón de la vereda más de veinte veces,
sigue sin divisarse ese patético colectivo que, para colmo, llegará lleno de
gente que vuelve de un intenso día de trabajo, salpicada de aromas que provocan
vómitos. Siento el hielo del aire lastimándome la piel. Sólo andan cabizbajos
cuatro o cinco perros callejeros. Van olfateando las paredes despintadas, van y
vienen, se acercan, intentan ser amigables, quieren lograr que alguien les arroje un hueso, aunque sea ya
pelado por otros canes, otras veces.
Tantos años trabajando en el colegio, jamás logré que me
dieran un horario más humano, menos frío, menos anochecido. El barrio va
convirtiéndose en un gigante nocturno que amenaza con tragarme. Un rato más y
comenzarán a deambular esos que sueñan con arrancarme el celular de la mano, o
despojarme de los pocos pesos que llevo en la cartera. La aprieto contra el
costado, tanto, que las manos heladas quedan dibujadas en el cuero y las yemas
de los dedos comienzan a dolerme. Silencio, frío y silencio. Los comercios van
bajando sus persianas y me voy quedando sola esperando el maldito colectivo.
Esto no da para más. Demasiadas horas fuera de casa para llegar cada día, a la
misma hora, tiesa. El frío va a guiarme hacia la academia de manejo. Creo que
es lo único que voy a tener para agradecerle.
martes, 22 de febrero de 2022
Abrazo abrazador (Por Silvy Olivieri)
Laura había salido a trabajar, como todos los días; dejó las
compras hechas para que, al llegar su cuñada, no tuviera que salir con los
chicos. Lauti y Guada dormían en sus
camas cuando Gloria llegó para cuidarlos. Esta vez la tuvo que hacer venir más
temprano que de costumbre, su jefe le había pedido que llegara a las ocho para
comenzar con el inventario.
Ambas se saludaron furtivamente. Gloria, estrenando sus
dieciséis años ese día, intentaba mostrar su mejor cara de despierta, aunque sus
ojeras y su pelo revuelto delataban sus escasas horas de sueño.
Todo está ahí, Glo – dijo Laura. No necesitás salir. La
leche está en el estante de arriba, compré galletitas y para el mediodía hay
pollo al horno ya listo. Solo prepará el puré.
Sí, sí – contestó Gloria, fastidiada por la demora de su
cuñada -. Ella sol quería quedarse sola y terminar de dormir lo que le faltaba.
No era fácil criar dos hijos sola, jamás había pensado que
así sería cuando decidió mudarse a Córdoba para escapar del ruido ensordecedor
de Buenos Aires. Poder mirar las sierras cada mañana, sentir el canto de los
pájaros, ver a los chicos correr libres sin miedo era lo que le daba fuerzas
para seguir cada día. Nunca pensó que iba a tener un marido ausente y despreocupado de sus hijos ni que tendría que luchar tanto para por fin tener su casa;
pequeña, de madera, con lo justo y necesario pero suya.
Cuando llegó a la oficina notó que había olvidado el celular
enchufado en su habitación. Esa maldita manía de usarlo como agenda, no tenía
forma de recordar el teléfono de Gloria para advertirle ni para saber si
necesitaba algo. Y la adolescente no tenía los teléfonos de línea de las
oficinas. ¡Tantas veces que pensó en anotárselos y siempre se olvidaba!
Confió que ante cualquier circunstancia, su cuñadita
llamaría a su madre que estaba a solo veinte minutos de la vivienda. Era un día terrible en la oficina, sin tiempo
para cafés, ni preocupaciones externas al inventario.
Al dar las cinco, se apresuró a agarrar sus cosas y llegar a
la parada del único colectivo que la llevará a su pueblo. Si perdía el que
pasaba a las cinco y veinte, debería esperar una hora hasta poder tomar el
próximo. Había trabajado demasiado por
ser lunes y lo único que quería era llegar a su casa, prepararse unos mates y
mirar tele con los chicos. Los dibujos animados eran un buen relax para su cabeza llena de números, fotocopias,
órdenes y llamadas.
A medida que se iba acercando al pueblo, comenzó a ver la
humareda que se alzaba por encima de los árboles. El colectivo se corrió a un
costado de la ruta para dejar pasar a los camiones de bomberos que raudamente
pasaron a su lado, aullando con su sirena y levantando polvo.
El micro la dejaba a ocho cuadras de su propiedad, pero a
medida que se iba acercando a la parada, sintió que el corazón le latía con más
fuerza. Ese humo espeso que empezaba a arderle en los ojos se distinguía en
dirección a su hogar.
Corrió. No recuerda cuánto, ni como lo hizo con sus zapatos
de tacón. Corrió como desaforada empujando a quien se cruzara a su paso. No
supo en qué momento tiró su cartera ni el saco que llevaba en la mano, no se
percató de que perdió un zapato en esa loca carrera para llegar a ver lo que no
quería ver.
Su casa no estaba. Literalmente no estaba. Apenas un par de
hierros retorcidos se podían identificar entre medio de las maderas quemadas y
el denso cortinado negro de cenizas. Se lanzó desesperada y unas manos
intentaron retenerla. Pero Laura solo quería entrar allí donde ya no quedaban
puertas ni ventanas, ni nada. No sintió el calor de las llamas que aún ardían,
sus ojos se acostumbraron al humo y gritó con todas sus fuerzas ¡Mis hijos!
Cayó de rodillas, sin aliento ni para llorar. El mundo se
había roto en mil pedazos y todo por lo que había luchado se volaba con la brisa
de las sierras.
Sintió una leve caricia en su cabeza gacha y unas pequeñas
manitos tiznadas que se prendían a su cuello. Cuatro brazos se enredaron en su
cuerpo y sintió que volvió a parir. Ahí estaban Lauti y Guada, con sus caritas
morenas iluminando la oscuridad y la desolación. No había perdido todo, no
había perdido nada, porque todo estaba allí, entre sus brazos.
lunes, 21 de febrero de 2022
Huellas más allá
Vadereto (Febrero)
Hoy voy a participar de este reto que es mensual y pertenece al blog "Acervo de letras". El desafío es realizar un relato que contenga la palabra "desierto". Así que lo tomé y ahí va el texto que propongo:
Huellas más allá (por Susana)
Caminar por los
senderos de la vida a nuestro propio ritmo, dejando huellas en la arena.
Huellas que seguirán aquellos que nos aman para
reencontrarse con nosotros al alzar la mirada.
Allí estaremos en
aquel camino de nuestro propio desierto a la espera de un abrazo, a la espera
de consuelo.
Nos tomarán las
manos, nos guiarán despacio para llenar espacios, para evocar recuerdos.
Allí dejaremos ir
lo que no es parte de nuestro mundo y encontraremos de nuevo lo que nos
impulsa, lo que nos motiva, lo que nos desangra, lo que nos limita.
Y las manos
juntas se volverán palomas, atravesarán el cielo, levantarán su vuelo. Verán
alejarse las dunas doradas, viendo como el viento las lleva, las trae, las
funde, las mata.
Dejenle mucho amor. que lo disfruten...
Violencia. (Por Patricia F.)
Hola a todo el desafío de este jueves 10 de septiembre se encuentra a cargo de Ibso, el tema es: "EL OBJETO, LA IDEA O EL SENTIMIENT...
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Buenos días amig@s bloguer@s Decimos buenos días, porque en esta parte del mundo todavía es de día, podría decirse que recién arranca este...
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Concurso de relatos 33 ed., el TINTERO DE ORO nos convoca nuevamente en el desafío "El gran Gatsby" de Francis Scott Fitzgerald....