Esta vez el Tintero de Oro en su concurso número 40, homenajeando a Ítalo Calvino, nos propone escribir un relato donde el protagonista quede dividido/a en dos partes una buena y otra mala, la división puede ser física o psicológica.
Espero les guste mi tema elegido, sé que no es agradable pero al final cuento porqué lo elegí.
Mi mundo se extingue. (Por Patricia F.)
Soy uno de los millones de seres pequeños que habitan este espacio, pero no por ser pequeños dejamos de ser importantes y ¡vaya sí lo somos! pues sin nosotros el mundo se extinguiría, creamos nuevos seres y los mantenemos con vida hasta su vejez y natural desaparición por el desgaste que se produce con los años.
Todos juntos tenemos tareas específicas que cumplir y trabajamos asociados las veinticuatro horas del día por el bien de nuestro cosmos; podría decirse que somos una especie de clones del bien. La vida siempre transcurrió feliz y sin sobresaltos, pues nuestra organización así lo requiere para el correcto y sincronizado funcionamiento, algo fuera de lugar haría quebrar el delicado equilibrio de espacio, tiempo, vida.
Un día algo extraño pasó y algunos de nuestros hermanos comenzaron a transformarse en una especie de alienígenas malignos que en vez de trabajar en beneficio del universo lo empezó a destruir.
No sabemos cómo ni cuándo, pero comenzaron a infiltrarse entre nuestras filas y a destruirlas, debilitando así nuestro mundo.
La guerra comenzó, debo confesar que recibimos ayuda externa de otros mundos, atacando a estas fuerzas del mal, mientras nosotros tratábamos de encontrar una respuesta a lo que ha pasado y una solución.
La pregunta ha sido: ¿por qué un cuerpo exactamente igual al mío se transformó en maligno? No tengo respuesta...
Esa ayuda externa, ha disminuido considerablemente a esos seres, pero no ha matado a todos y ellos se esconden en las sombras, lo sé porque a diario suenan alarmas que detectan sus movimientos. Llevamos meses así, repito, nuestro mundo se debilita cada vez más, lo peor es que como el ADN de los malignos es igual al de nosotros los benignos, cuando la ayuda externa ataca la radiación nos destruye a nosotros, los buenos también.
Nuestro número está mermando y el universo conocido de nuestro mundo está desapareciendo.
Sólo me queda por decirles que extrañamente a lo que todos piensan, nuestra muerte, la de los buenos, mi muerte arrastra también la de los malos...
Les cuento esto con mi último aliento, pues el cáncer está ganando la batalla y el cuerpo de mi universo está muriendo.
Nota final:
Elegí el tema del cáncer para de alguna manera homenajear a todos los enfermos que están luchando contra esta cruel enfermedad y para recordar a mis seres queridos (que son varios fallecidos a causa de dicha enfermedad) sobre todo a mi madre, que fue valiente, que presentó batalla hasta último minuto y lamentablemente la perdió.
Considero que esta enfermedad divide el cuerpo en dos partes la buena y la mala, las mismas células del cuerpo que se transforman en dañinas al propio organismo y las buenas que siguen su lucha.