martes, 20 de agosto de 2024

Venganza Medieval (por Rosana)

-        Hola amigos y amigas Ciber escritor@s. Vamos a sumarnos al desafiante reto de "El Vici Solitari". quien nos propone escribir un relato cuyos protagonistas sean un hombre en un altillo (esto se los debo) y una paloma. Les voy a deber también los rasgos de carácter, o sea, desde hoy soy una deudora importante.

V                Venganza Medieval (Por Rosana)

Imagen creada con IA


      -  Cuál es tu nombre? – Se escuchó clarísimo, pero Currado, no podía deducir de dónde provenía la voz.

Su soledad había sido interrumpida por la llegada de una paloma que no dejaba de contorsionar su cuello con movimientos espasmódicos, los ojos fijos vaya a saber dónde.

-         - Te pregunté cuál es tu nombre?

-        -  Currado Gianfigrazzi – respondió autómata-

Confesar nuestros nombres es algo que aprendemos a hacer cuando todavía no abandonamos los brazos maternos. Se vuelve mecánico decirlo, aunque  continuaba dudando de dónde provenía la voz.

-        .-   Io sono, perdón, yo soy…descendiente de aquella paloma que por la tiranía que ejercía su amo, seccionó Chichibío, pero además, sumada a la indignación de haber sido desmembrada,   fue confundida con el tiempo con  una grulla

Currado observaba cómo se movía el pico del ave que hacía rato caminaba por la baranda del balcón, pero seguía sin creer que eso era posible.

-      -    Me encantaría mensajera de paz, pero me hablas de una absurda confusión y no entiendo por qué me lo cuentas a mí

-       -   ¿Chichibío, te suena Chichibío? – elevando el pico y haciendo alarde de su gracia y agilidad para rotar el cuello,  la paloma soltó el dato

-       -   Por supuesto, ¿cómo no va a sonarme?

-       -   ¿Cuántas generaciones pasaron? A mí me cuesta ubicarme en el tiempo. No dejo de pertenecer al reino animal, mi tiempo está marcado por la salida y ocultamiento  del sol, no necesito contar los días que faltan para que termine el mes, o la llegada de papá Noel.

-        -  Generaciones no sé - contestó Gianfigrazzi  puedo decirte los siglos, exactamente siete, setecientos años y demasiadas variaciones en nuestros menús.

-       -   Setecientos años de arrastrar que confundan a mi familia con la familia de una grulla que jamás, pisó o sobrevoló cielo florentino.

-      -    Un desacato del traductor, obviamente, no tiene perdón

-        -  Como jamás perdonas a Chichibío por haberte engañado.

-      -    No fui yo, fue alguno de mis antepasados, es que siguiendo las buenas costumbres, todos nos llamamos de la misma forma

-        -  AHhh, y viven dormitando y custodiando la injusticia entre las páginas del Decámeron

-       -   Nunca lo pensé así

-      -    Es hora de que sepas, que lo que Chichibío le cocinó a quien fuera tu remoto abuelo, bisabuelo, tatarabuelo, chongo o lo que sea, era una paloma, jamás fue una grulla. La pata de mi antepasado se la había regalado a Brunetta y tu pariente, lo pescó infraganti. Jamás te enteraste de lo que luego le hicieron. Obviamente el traductor también se tomó la licencia para inventar que tu antepasado y Chichibío quedaron en paz, pero…

-        -  Y a eso viniste…por eso estás aquí – Currado se moría de ganas por saber el verdadero final de aquel cuento del Decameron “El cocinero Chichibio”

-       -   No lo sé, estoy, aparecí aquí, en el mismo balcón en donde transcurrió esa escena, solo espero que no tengas la misma costumbre y no me agarres para ir directo a la olla.

En eso, la paloma comenzó a meter su pico cada vez un poco más adentro del hall de entrada de Currado, estiraba la cabeza y no cesaba de ir y venir: de la baranda al comedor, del comedor a la cocina, de la cocina a la baranda.

Con total sorpresa, el ave, luego de olfatear en la cocina dijo:

-     -     ¿Hay lentejas para cenar? ¿Qué pasó con el ansia familiar de comer desaforadamente aves asadas todos el tiempo?

-      -   Alguien me contó, que por aquel entonces, aquel Currado Gianfigrazzi, maldijo a Chichibío por el engaño. Lo condenó a olvidar todas sus recetas magistrales y como la maldad siempre vuelve, toda mi familia perdió el sentido del gusto y el olfato. Así que meto en la olla lo que encuentro, si tú dices que hueles lentejas, pues será eso entonces.

      Rosana


      Aqui les dejo el enlace para que puedan leer el relato original "El Cocinero Chichibío", en el "Decámeron" de Bocaccio.

-         https://ciudadseva.com/texto/el-cocinero-chichibio/

 

 

miércoles, 14 de agosto de 2024

Sakura. (Por Patricia F.)

 


Esta semana Mónica en su blog Neogéminis nos deja la propuesta de los jueves, esta vez el tema es libre, "lo que surja", yo elegí escribir sobre mi sakura, porque en estos momentos está estallado de flores y aprovecho a compartir algunas fotos de mi cerezo y al final un video de música relajante japonesa, música que inspira como el mismo sakura.

Me sumo a la convocatoria y con Rosana decidimos participar las dos de esta propuesta, cada una con su historia.









                                                         Mi Sakura.


Sakura. (Por Patricia F.) 


Aún falta un mes para que llegue la primavera, pero él, mi hermoso sakura está floreciendo.  

Cada año un mes antes, él la anuncia, yo no puedo dejar de mirarlo embelesada, ejerce una atracción conmigo, algo que no puedo explicar. 

Según cuentan las leyendas japonesas, este árbol simboliza el amor verdadero y la esperanza, pero también representa la belleza, la renovación, la fugacidad y fragilidad de la vida. 

Por ejemplo, en la época de los samuráis, la flor del cerezo se convirtió en un símbolo importante para estos guerreros, pues se creía que el sakura representaba la transitoriedad de la vida y la disposición a aceptar la muerte con honor y valentía. La corta vida de la flor simboliza la brevedad de la vida humana. 

Su belleza efímera resalta su conexión con aspectos culturales y espirituales en Japón. 

Y para mí es la belleza en estado puro, como dije anteriormente, me atrae a tal punto que me tiene enamorada, siento que encierra un secreto mágico, al verlo mi alma se conmueve, esos tonos rosados de sus flores en contraste con el gris oscuro de su tronco.  

Las abejas en un desenfrenado baile lo visitan apresuradas por libar ese néctar encerrado entre sus pétalos, el punto máximo fue ver la otra mañana a un colibrí allí, me quede extasiada, en esa mañana helada con ese aleteo rápido y sus colores verdes tornasolados resaltaban aún más entre los sonrosados capullos. 

Así, de esa magia que emana del cerezo, mi mente se contagia, nace la inspiración y escribo estas palabras de amor y reconocimiento al sakura, a mi sakura, al que me regaló mi hijo y cada año inunda de alegría mi jardín. 









No logro congeniar con la objetividad (por Rosana)

 

Hemos decidido, Patricia y yo, presentarnos y escribir ambas, cuando las propuestas nos agradasen. Así que van a encontrar dos relatos jueveros.

Esta semana NEOGEMINIS, nos invita a explayarnos y a hablar sobre lo que nos venga en mente, precisamente. tal como ella lo expresa "Lo que surja". Así que intentando respetar su consigna, aquí estamos frente a lo que surgió  


"NO LOGRO CONGENIAR CON LA OBJETIVIDAD"


Siempre me pregunté qué sentirían los lugareños de cualquier sitio ante la invasión de turistas conmocionados por el maravilloso paisaje que tienen delante. Sea cual sea ese lugar, los visitantes, siempre se diferencian de los que (a veces), padecen la geografía del sitio en donde viven.

Así pues partí ayer a la mañana, feliz de poder ir a comprarle el regalo por el día del niño a mi nieta. Lo tenía decidido, sabía lo que quería y eso es un milagro y había que aprovecharlo. Crucé la calle y llegué a la parada del 168 - para ubicarlos, muy a pesar mío, debo dar como referencia que vivo a seis cuadras de la cancha de Boca - Tengo una relación de amor- odio con todos los colectivos que, a pesar de llegar rápido a los lugares, pasan primero cerca de las estaciones del tren.

Buenos Aires es preciosa los domingos a la hora de la siesta, o entrada la madrugada. No duerme jamás, pero a esa hora dormita, se silencia, se desierta y es ahí donde se la puede ver en su extensión y apreciar, por lo tanto, llegar de día a las cercanías de una estación de tren, es como adentrarse en la jungla. Nunca estuve en la jungla, pero la imagino llena de simios de todas las especies y tamaño: comiendo vorazmente bananas a granel y tirando su cáscara en donde sea, así tal cual, son las estaciones de trenes en mi querida ciudad y el colectivo pasa y se detiene un rato largo, porque una inmensa fila de primates se encima para poder abordar este ómnibus que suele venir vacío. Es muy común también, que un simio le quite al otro sus pertenencias y el otro quede impresionado y abatido, pero sigue y sigue su monotonía habitual.

Una vez pasada la estación Constitución, toma derecho hasta doblar
cerca de otra estación mucho más popular y habitada por diferentes especies: ya no sólo simios, sino algún que otro león, jirafa, elefante, transitan con cotidianeidad. En este punto, un señor sentado en esos asientos que hacen que viajes a contramano, levanta la cabeza y pregunta al aire: - ¿ya llegó a Once?. Mi compañera de asiento y yo al unísono le indicamos que faltaban tres cuadras, que pasando la avenida Pueyrredón se daría cuenta de que habíamos llegado; que el colectivo pararía justo frente a la entrada a la estación.



No me van a decir que no es preciosa...



El señor, comenzó a sonreír y a decir:- ¡Qué hermoso que es todo esto!!!

Mis dos cejas se unieron sobre mi diminuta nariz y con fervientes deseos de esbozar una carcajada, carraspeé un poco y pregunté demasiado despacio a lo que solía hacerlo: ¿Hermoso?

El señor confesó que había llegado de Perú a los 20 años, que se había alojado en Lanús - Provincia de Buenos Aires, para los que no se ubican - , que aquello era bastante feo y que esto le resultaba hermoso y colorido. Su rostro seguía iluminándose y confesó: justo donde usted dice que tengo que bajar, hacen un ceviche soñado, y unos carlitos que me  hacen venir agua a la boca. Informo que ambos son platos típicos de Perú y que a este hombre, la nostalgia le estaba ganando la partida contra la realidad.

Así pues, él extranjero y radicado aquí, en esta ciudad que provoca repugnancia – vista desde un colectivo – no logra ver con el mismo sentimiento herido y la misma desilusión que yo, a esta Patria que se va diluyendo. Ël viene de otra, de otra que lo expulsó por la pobreza y no pudo sostenerlo dándole trabajo y por eso, ve esta Patria mía hermosa por donde se la mire-

Como un cachetazo de madre enojada, esa sonrisa y ese apetito, me dieron una excelente lección: la objetividad no existe, y cada uno ve las cosas, como puede, como siente, como se le está permitido.

Y para concluir, no crean que yo me creo Tarzán en medio de la jungla que habito, solo que fui destinada a ser escorpión de nacimiento, y cada vez que puedo, pico y cuando no, muero aplastada por la pisada de un mamut. 


Rosana

 

lunes, 12 de agosto de 2024

Filosofando sobre el mar (Rosana)

 Hola cómo va. Voy a seguir la invitación de "ACERVO de LETRAS" y voy a participar del VADE RETO de Agosto, así que no me queda otra opción que escribir sobre el mar
Escribo y me sonrío, sonó a resignación el párrafo anterior; no voy a mentir, un poco sí, no es lo que más me atrae en la vida, escribir sobre el mar, pero como soy muy en extremo caprichosa, sí me atrae escribir y entonces, voy, me arrojo sobre el teclado y la magia de las palabras encima, me permiten encontrarle la explicación exacta al por qué no me atrae en absoluto escribir sobre el mar... así que mil gracias "ACERVO de LETRAS", por la incómoda propuesta.


                                                    Filosofando sobre el mar

Esta es la playa de Porto Recanati - Italia, donde nació mi madre

Si tengo que elegir a dónde ir jamás elijo el mar. Es que desde antes de mi nacimiento, el mar, siempre fue mi contrincante. Reconozco su belleza. ¿Quién dijo que aquellos contra los que competimos son horrorosos?  No, qué va, para poder explicar el por qué siento que debo alejarme y competir, debo poder ser objetiva, algo que sostengo que es imposible.

Creo que son varias las razones, pero todas confluyen en una sola: jamás logré ocupar todos los pensamientos de mi madre, (o eso sentí siempre), ni ganar el primer lugar.  Porque yo estuve siempre ahí, a su lado; es ese mar extraño, verde y calmo, lleno de piedras en lugar de arena, el que se alejó cada día más de su existencia y pasó a ser inalcanzable, y todo lo inalcanzable se convierte en obsesión. La playa que la vio nacer,  se convirtió en una obsesión para ella y si bien a mí me amó muchísimo, a ese lugar que solamente la tuvo durante once años, también lo amó y extrañó hasta el final.

De chica íbamos al mar, precisamente a Santa Teresita, un pueblo que en sus comienzos se parecía mucho al pueblo del Adriático que mi madre dejó atrás, pero en lugar de estar feliz por la similitud, se empeñaba en comparar cada elemento: la arena era gruesa, no había piedras, las olas no permitían nadar como en una pileta olímpica y el color, ese marrón oscuro propio del río caprichoso que se mezcla con el Atlántico, le causaba repugnancia. Y así crecí, entre el desprecio de lo propio comparado con la existencia de otros sitios que no conocía pero se me iban haciendo míos, porque una niña vive a través de los relatos de sus padres.

Hoy, no puedo dominar esa inmensidad, no logro tener la visión exploradora de los adelantados, culpables hoy, de que esté yo, escribiendo en castellano y en este punto cardinal del planisferio

Creo que eso me pasa, si me proyecto frente a esa masa inmensa de agua salada, me siento tan infinitamente pequeña que me duele imaginarlo. Me gusta ser grande, poder dominar por donde camino. La profundidad es oscura, infinita, guarda secretos que tal vez me harían desaparecer. Hay muchas bocas, dentro de la boca del mar, como si allí, la naturaleza no hubiese evolucionado y el peligro, puede salir y rozar la orilla en cualquier momento.

Sigo reconociendo que tiene una belleza infinita, pero también es bello el Hades porque cobija a Ulises, a Aquiles, a Telémaco, a las Sirenas que impedían el regreso a casa de Odiseo; que sea bello e inmenso no le quita ese poder eterno de hacerme ver el dolor en los ojos de quien me dio la vida. 

Rosana

Convocatoria juevera: "Mi deporte favorito" por Rosana

 Hola, buenos días, no suelo sumarme últimamente, ya sea por lo exigente que soy con la escritura, ya sea porque el ánimo no me lleva a escr...